MUJER

CONFESIONES DE UNA CORREDORA


Confieso que luego de cada desafío que enfrento habiendo entrenado pero sin tener ni la menor idea de si lo puedo lograr al pasar unos días de concluído no me creo ni yo misma haber estado ahí, arriba de todo entre nubes o haber cruzado esa meta y recorrido tantos kilómetros. Es como si lo estuviese contando a otros  refiriéndome a algo que le ocurrió a alguien más que no era yo o lo cuento con displicencia como quien cuenta que peló una manzana (_si, estoy algo cansada porque el fin de semana corrí en la montaña). Tal vez por eso es que en tanto lo transito y me prometo luego de lograrlo un descanso prolongado  a los pocos días ya me planteo el siguiente desafío por supuesto superior.

Será porque no imagino correr siempre los mismos paisajes, siempre las mismas distancias o de la misma manera. Tal vez me ocurre solo a mi y no considero que esté ni bien ni mal, es básicamente lo que siento yo en mi relación con el correr.

A veces tengo miedo de encontrar mi límite muy pronto pero también de relajarme y conformarme con lo seguro.

Rescato de mi última carrera de montaña El Origen 2015 100K que lo que más me sorprendió de lo vivido en 3 etapas fue que cada día me levantaba y volvía a trepar y la energía se renovaba diariamente a pesar de casi no descansar.  Un día de cuestas en Buenos Aires me otorga el derecho de suspirar de cansancio y darme por entrenada. Pero ahí no había “día de cuestas”, todo era cuestas, ascenso y más ascenso, sin embargo se volvía a subir. Dicen que ahí manda la cabeza más que las piernas, tal vez ni la cabeza manda, tal vez sea un estado momentáneo de inconciencia.

Confieso que cuando estoy en medio de esos desafíos voy implorando al cielo que se acabe pero me angustia a la vez saber que llega a su fin. Me pregunto cómo sería si todos los días de mi vida consistieran en levantarme para ir por una miradita desde una cima, bajar, almorzar descansar y así cada día. Evidentemente es una cuestión de costumbre. Más tarde más temprano el cuerpo se acostumbraría.

Hace poco más de una semana me encontraba completando esa carrera habiéndome propuesto enfriar el cuerpo y el calendario pero confieso que a los dos días de regresar ya  estaba proponiéndole a un amigo algo muy superior para dentro de unos meses. ¿Me pregunto por qué nada me alcanza en materia de kilómetros y altura? ¿Por qué ese hambre de distancia?

Algunos se plantean como desafío correr una distancia en particular y apuestan por la velocidad. También válido por supuesto y poniéndolo en sus términos tal vez me logren comprender.

Confieso que si bien soy psicóloga (y como dicen “en casa de herrero cuchillo de palo” o que “no tenemos la capacidad de autoanalizarnos”) prefiero olvidar que lo soy para no encontrar la respuesta a esa ambición, tengo miedo de racionalizarlo y detenerme.

Confieso que no me planteo ser Ultra, lo único que me planteo es ver hasta dónde puedo llegar.

Confieso que cuando entreno me canso mucho, pero que cuando siento que llego a mi límite repito mentalmente mi mantra personal “Correr mucho se logra solo corriendo mucho”, ni más ni menos…

 

monicaender