TRAIL

QUE DURA FUE LA PUNA !


Llegué a este ultra organizado por Ecoatletas en medio de la Puna Argentina por varios caminos.Todo empezó en principio a mis 7 años cuando soñé subir algún día hasta las nubes corriendo o trepando. Hace un par de años también soñando UTMB busqué aquellas carreras cercanas que más puntuaran para la reina del trail y así me encontré con esta perla. Por lo que hablé con ultras experimentados y por lo que viví se trata de una de las más difíciles de Argentina y por supuesto como a mi me gusta, fuera del circuito de las “de moda o multitudinarias”.

Largo el relato pero vale la pena para pensar si subirse o no a este desafío de Conociendo a la Pachamama y aclaro, yo no hago recomendaciones, simplemento cuento lo que vivo, subirse o no queda en la locura o cordura de cada quien.

Febrero de 2015 regresando de El Origen pasé el cambio a 5ta velocidad y busqué quién me acompañara en la siguiente trepada en Octubre, mi intención eran los 78km a casi 4000msnm, lo máximo habían sido unas 3 horas a 3500msnm como simple divertimento y no compitiendo. Encontré al loco a mi nivel de locura, Alejandro Rodriguez Raviolo, pagamos carrera, hotel y vuelos en dos días, pero nos quedamos con los 55km porque él tenía ya en esos meses previos varios ultra seguidos.

Con  muchas décadas de deporte en mi cuerpo, bastante running, algo más de Trail y 3 de los 5 meses que creí tendría para prepararla en cama por problemas en mi espalda la terminé preparando en solo 2 meses casi toda en gimnasio con acupunturista, masajista, osteópata y una batería de recursos que me permitieran cumplir ese sueño a contrareloj. Los fondos no superaban los 20k y eran en general un sufrimiento, solo disfrutaba las cuestas; las rodillas que ya conocieron el bisturí me lo recordaban en cada impacto. En ese momento decidí que esta ultra sería mi retiro, la última de mi vida.

Tres días antes de la carrera  estábamos ya en la ciudad de Tilcara, Provincia de Jujuy, paseando, conociendo y adaptándonos a la altura; visitamos Iruya, un pueblo en medio de la montaña a 2800msnm . Compré Maiz, dos cigarrillos sueltos y un vino tinto que con Ale fuimos bajando de nivel guardando con esfuerzo unas gotas del elíxir de uva para realizar un ritual de la zona (pocito en tierra, meter ahí estos elementos, tapar con tierra y piedritas) ofreciendo esto a la Pachamama (Madre Tierra derivado del Quechua) para que ella nos trate bien, nos de buen clima y nos permitiera correrla sin dificultades extremas. Debe haber resultado porque el clima fue el mejor posible el día de la prueba.

Esta que ustedes leen tiene la mala costumbre de tomar siempre agua de la canilla hasta en La India, así que ya el día anterior a la carrera paseaba por el baño cada 15 minutos (detalle escatológico que no voy a obviar porque les puede servir de dato).

Domingo 12/10/15, 6am, -1º de temperatura en Tilcara, Plaza principal a 2450msnm, largada puntual, cero ansiedad porque estoy bastante loca y no me inquieta el desafío pero mi estómago ya rugía y pedía baño desde antes de partir. Largar quemando llantas era imposible y contraproducente para cualquiera como me habían advertido varios grosos ultratraileros que me advirtieron sobre lo duro de la carrera, había que ahorrar fuerza y aire. Salimos de la ciudad y tomamos hacia el norte siendo aun de noche por un camino que se incorporaba al lecho del río Grande lleno de rocas sueltas y algunos vados de agua que había que saltar. Ale quiso aprovechar el llano y trotar, pero yo soy mala en el llano y mi pancita no quería trote así que se nos escaparon muchos y combinamos trote con paso firme hasta llegar a la primer pendiente en franca subida con cielo amanecido a esa altura hasta los 2890msnm en Jueya, 9km al norte de Tilcara. Ahí conocí los cardos implacables, se clavan inevitablemente en la zapatilla, de hecho una espina me acompañó toda la carrera silenciosamente hasta que la encontré clavada en un huesito del pie al bañarme a la noche. Descenso rápido y entretenido hacia Tilcara otra vez ó último descenso algo amigable.

Para nuestro recorrido de 55k el retorno era por el mismo camino, ya con más luz veíamos mejor las rocas y otra vez el rebote del trote en el llano no me dejaba de afectar en mi “asunto intestinal” que denominaré “el asunto” de acá en adelante. Ya Ale empezaba a alentarme para que me arrime a algún arbusto, así aguanté hasta el PC(Puesto de control) de Tilcara donde pregunté por un baño químico que no estaba previsto, era hora de asumir que mi carrera tendría un grado de dificultad adicional. A pesar de “el asunto” dejamos un grupo numeroso detrás nuestro en la plaza y partimos al ascenso más temido.

Para contrarrestar el efecto de la altura es fundamental tomar mucho líquido, el problemita surge en que al ser una carrera de autosuficiencia en la que casi no hay dónde cargar agua (solo en kms 20 y 48) ni cursos naturales ya que es casi todo roca árida, en el trayecto debés cuidar cada gota, una real invitación a deshidratarse. Si vas a subirte a esta aventura debés conocer el funcionamiento de tu cuerpo bastante y haber lidiado con grandes distancias anteriormente como para regular los víveres y la satisfacción del hambre y la sed, de ninguna manera es apta para debutantes,  clarito se promociona en la web como de auto-orientación y auto-suficiencia, nada que reclamar por mi parte.

Tomamos rumbo sur subiendo hacia el comienzo del sendero que lleva a la Garganta del Diablo, lugar accesible para un paseo turístico pero no menos exigente físicamente y que el día anterior habíamos transitado con Alejandro. Desde la largada íbamos con la mente puesta en el corte de carrera en km 20 a las 4hs de haber largado, poniendo ritmo y mirando el reloj permanentemente repitiendo “vamos bien”, no sabemos cómo llegamos al km 25 en ese tiempo. Feliz de llegar antes encontré que en el km20 nadie cortaba nada. Entonces…  ¿Para qué me maté aguantando las ganas de parar por “el asunto”?

Ya sobre algunas nubes volvimos a descender para tomar por el lecho de un rio. Nadie a la vista detrás, así que ya apremiada por “el asunto” hice una parada técnica esperando aliviar mi malestar pero no solo que no logré resolverlo sino que además nos empezaron a pasar los que venían detrás. Decidí seguir y apretar el paso. Una inevitable 2da parada puso por delante a 2 competidores (uno de ellos de más de 60 años) que acompañaron a Ale largo rato y bastante todos por delante mío mientras yo iba aguantando “el asunto”. Así fue el resto de la competencia, aguantando pero no iba a abandonar, además a esa altura era imposible, comenzábamos el ascenso hacia los 3899msnm, el punto más alto del evento en el Abra de Punta Corral y estábamos alcanzando los 3600 de altura, solos en medio de la montaña, no quedaba más que subir, ahí no te podés quedar.

En ese momento empezamos a sentir que no se elevaban los pies del suelo a más de 3 centímetros, la cabeza nos comenzó a doler, parábamos y bostezábamos. La hipoxia (falta de oxígeno por la altura) comenzaba a golpearnos. El sol nos daba de lleno y nos cocinaba la cabeza. De repente con precipicio a la derecha lo veía por delante a Ale zigzageando al caminar como un beodo mientras yo me arrastraba y paraba cada 200 metros, reposaba 3 segundos y seguía. Ale se me adelantaba y cuando lo alcanzaba estaba dormitando sentado en alguna roca. Estábamos recorriendo el Calvario de Santa Rita, 130 estaciones hacia la capilla en el Abra que cada año recorren miles de fieles con mucha fe pero sin competir claro está. No hablábamos, solo resistíamos. Recuerdo que iba pensando: ¡realmente lo de Santa Rita fue un calvario!

Doblábamos una curva y venía el viento a golpearnos, a amenzarnos con empujaros al precipicio, pero también nos daba bocanadas de aire extra que nos despertaban. Nos contó al otro día un corredor que se tiró casi una horita a dormir en la montaña, una locura! ¿Qué pasa si te dormís y te despertás en la noche arriba con temperatura bajo cero o ni siquiera despertás? Ale se adelantaba y me esperaba, en esos momentos agradecí haberlo invitado a que me acompañe, sola no habría podido y sentía mucho miedo de desmayarme pero como ya me conocen jamás pasó por mi mente un abandono. Realmente debo decir que me congratulo del compañero de ruta que elegí ya que fue tan buen compañero que se apunó también él para que no me sienta sola así que ahí tenía otro motivo para no aflojar en su honor. “El asunto” para ese momento quedó en 2do plano. La cabeza hervía, las piernas pesaban, el aire no alcanzaba, las estaciones no pasaban más marcadas de a 100 metros. Realmente tuve miedo y entendía que estaba pasándole cerquita a la muerte. Si te sentás y no te levantás para seguir te aseguro que ahí arriba le das el poder a la Parca.

Y la voluntad quiso que lleguemos a la estación nro 109. Un puesto de control integrado por un pibe solitario con su mochila, solo quedaban 800 metros para la cima. Me senté y comí unas gomitas Gatorade que me levantaron el espítiru, alimentaron mi fe católica o me dieron power, como quiera que sea, volví a emprender el último tramo de lo que creí sería lo peor. Mientras subía relojeaba hacia atrás si alguien más venía a pasarme, quería ir lento sin preocupación. A lo lejos venían subiendo 3 y me empecé a reir sola con el poco aire que tenía. Me recordaba una película de ciencia ficción y los veía como a 3 extraterrestres que venían a abducirme, yo ponía todo para escapar y ellos a paso firme pero con piernas mucho más largas me iban a alcanzando. La hipoxia y sus alucinaciones pueden ser muy bizarras.

Finalmente 33 años después de soñarlo tocaba el punto más alto de toda mi vida sobre el nivel del mar. La nena de 7 años que soñaba llegó ahogada y lloriqueando de emoción mientras Ale filmaba con la cámara el momento y lo veía a él en misma situación emotiva. Moqueando emocionados cargamos agua en la Capilla rondando ya el km 38 del recorrido y comenzamos por fin el descenso.

Descenso que comenzó con un ascenso prolongado tomando rumbo Oeste. Enojados por bajar y volver a subir decidimos relajarnos y detenernos a contemplar las nubes que estaban abajo nuestro. En un momento el descenso se puso complicado, era una bajada en zigzag interminable y con un grado de inclinación que sin duda rondaba los 50º a 60º, casi vertical de tierra y lajas sueltas, a veces pequeñas rocas redondas que nos hacían rodar cuesta abajo sin chances de detenerse. No tenía muchas posibilidades de tirarme como suelo hacer en las bajadas que tanto disfruto porque venía con Ale y lo tenía que esperar ahora yo a él. Lanzarse era muy riesgoso y para colmo empezábamos a entrar en una nube, el frío dentro de la nube me afectó otra vez “el asunto” y más vale lento pero seguro e intentando tocar la base a las 19hs máximo para que no nos agarre la noche en la bajada del infierno.  

La noche cayó y cumplimos nuestro cometido, arribar al suelo de la ciudad de Maimará justo cuando se ocultó la luz. Comenzaba el regreso a Tilcara rumbo norte por el llano, bordeando el Río Grande, soportando el viento en la espalda y el frío nuevamente acercándose a 0º (En Jujuy la amplitud térmica es extrema). Atravesamos campos. Ya no trotábamos, caminamos los que supuestamente eran 5kms pero a todos les midieron 9 a paso firme en ritmo de 8´por kilómetro. La marcación era mínima, veíamos cosas en las figuras que dibujaban los cactus, los burros al costado del camino nos miraban pasar con cara seria. Yo pensaba permanentemente “son cactus, son cintas, son burros, son perros, no hay nada raro” sin aflojar el paso. Otra vez unas cuestas, a subir de nuevo, parecía una broma de mal gusto hasta que siendo las 21.10 arribamos a la ciudad de Tilcara, molidos, devastados, con los dedos de las manos duritos del frío y corriendo, claro que sí, corriendo otra vez unos 150 metros hacia el arco. No lloramos, yo solo dije “pensar que es la última vez que cruzo un arco”.

Fueron más de 55km, fue un sueño, superó mi idea de un desafío, completar el recorrido luego de estar en reposo 3 meses, con poca preparación, con mi panza retorciéndose casi todo el camino, con los gps sin batería y sin cabal idea de cuánto nos faltaba. Todo eso me mostró que tengo una fuerza de voluntad de la que desconozco su límite y me asusta pensar hasta dónde soy capaz de correr ese límite sino fuese porque la idea es retirarme.

Puedo decir que en materia de ultra de montaña cumplí con mi sueño de niña. Entonces puedo retirarme y descansar en paz, aunque ¿la verdad?… ¡QUIERO MÁS!

NÚMEROS DEL EVENTO:

Es su 8va edición, Las distancias fueron

12K Altura máxima de 2430msnm/4hs para completarla/No calificativa para UTMB

21K Altura máxima de 2430msnm/7hs para completarla/No calificativa para UTMB

55K  Altura máxima 3899msnm/Desnivel +2110/20hs tiempo total para completar recorrido 20hs/ Inscriptos 35, clasificaron 33, 2 DNF/Puntos UTMB 1

78K Altura máxima 3899msnm/Desnivel +3390/22hs tiempo total para completar recorrido/ Inscriptos 7, clasificaron 18 (11 eran de 100k que se bajaron de distancia)/Ningún DNF/Puntos UTMB 2

100K Altura máxima 3899msnm/Desnivel +4360/26hs tiempo total para completar recorrido/Inscriptos  50, clasificaron 13 hombres y 1 mujer, 11 cortaron en categoría 78k, 19 se quedaron en el corte del km 42, 6 abandonos. Es decir que de 50 inscriptos a los 100K completaron recorrido solo 14/Puntos UTMB 3

 

moni