EN PRIMER PERSONA

[ 42K ROSARIO / MI CUARENTONA ]


Se levantó cruzada. Una mala noche, un mal despertar. O ganas de joder? No lo sé. Cuando llegamos al monumento a la bandera vestidos para la ocasión, ráfagas de 30 kph y un cielo tapado anunciaban que Ella estaba con uno de esos días. Sus frías lágrimas contra el asfalto aseguraban que no la íbamos a pasar bien.

Me preocupé un poquito. “La que me espera”, dije para mis adentros sin alarmar a mis compañeros que también portaban susto disimulado.

Puse mi mejor cara de fiesta con una sonrisa forzada y a las 9:00 en punto empecé a cortejarla. Fuimos y vinimos por media ciudad, ensayando los pasos de baile que tanto habíamos practicado los meses previos. Ingenuamente, creía que la había conquistado porque hasta me pareció que se iba a ablandar la cuarentona.

Error.

Al llegar a los dos tercios de la coreografía, Ella agarró mis manos con las suyas y comenzamos a girar en remolino. Yo veía sus ojos grises, del mismo color que el cielo y juro que vi su rostro ponerse tenso y con una sonrisa maléfica. Su mirada pareció iluminarse por un segundo y en una de las locas vueltas que dábamos soltó mis manos y me arrojó sin piedad contra un muro que alguien había colocado descuidadamente en medio de la pista.

Me estampé mal, me doblé del dolor. Mi mente se puso en blanco. Dónde estaba? Recordé la escena de Relatos Salvajes, ésa del casamiento y el revoleo contra el espejo.

Me sentí avergonzado.

Pero de la humillación nace la fuerza y no me pregunten cómo, empecé a resucitar. Dolorido, con frío y mojado, pero con ganas de revancha. Salí a buscarla a la cuarentona. No me costó darme cuenta por dónde había pasado porque toneladas de pretendientes estaban tirados al costado de la pista de baile, con calambres, dolores, caminando con mirada extraviada.

Cuando la encontré, me clavó sus irascibles ojos grises con esa postura salvaje que tienen las mujeres indómitas, ésas que se saben irresistibles e inconquistables.

crisgorbea“Vos de nuevo por aquí”? me amenazó. Y siguió aguijonenado mis músculos, hecho jirones. Avancé con la cabeza, pero estaba agotada . Buscando en mi interior puse el corazón, que era lo único que me quedaba y avancé y avancé, tan fuerte como podía y encontrando el mejor ritmo de baile posible. Sin estilo. Sólo con la garra que no sé de dónde salía.

No me pregunten cómo porque pierdo la memoria. Sólo recuerdo que en algún momento de los últimos compases, Ella se acercó, me abrazó y si bien no me dijo nada sentí que me aceptaba, sobre todo por no darme por vencido. A veces las pruebas del amor son así. Tenemos que darlo todo o nos quedamos afuera de lo que realmente vale la pena vivir.

Cuando el baile recién había terminado y yo aun lagrimeaba se acercó sigilosamente y con un guiño me invitó una Copa.

Rosario, nunca te olvidaré.

CRISTIAN GORBEA