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EL ORIGEN | MONI CORRE


Q ES EL ORIGEN


Carrera de Montaña en tres etapas, con stop obligatorio despues de cada una.
La misma se desarrolló en Villa La Angostura.
Sobre circuitos de montaña, valles y junto a lagos, la carrera tiene tramos tecnicos, variados, y excelenets paisajes.
Se corrio los dias 01, 02 y 03 de Marzo de 2014 y las distancias a recorrer, segun la eleccion de cada participantes eran de 100k divididos en 3 dias, y 50k en tres dias.  

Subiendo a Un Sueño,  pisando el Paraíso.

A veces en el afán de perseguir y dar cumplimiento a un sueño nos embarcamos en aventuras sin saber a ciencia cierta con qué nos podemos encontrar.  Así fue como salí tarde para variar del campamento hasta el punto de largada y llegué cuando todos ya estaban en franca carrera. Sin desanimarme aceleré mi ritmo y logre unirme al grupo, no obstante conservaría uno de los últimos puestos en la clasificación parcial de la fecha. 

El desafío primordial como digo siempre es disfrutar de lo que se está haciendo, así encaré la jornada.
Con eso sonando como mantra en mi cabeza comencé el ascenso.
Era el primer día de tres,  yo estaba ahí y no era un sueño.
Cuando se abrió el bosque y apareció frente a nosotros la vista panorámica de Villa La Angostura y el lago Nahuel Huapi no pude hacer otra cosa más que detenerme, respirar profundo e intentar un imposible… meter tanta belleza en una foto, explicar un suspiro, contarles a quienes no estaban ahí que hay algo así como el paraíso encerrado en un instante,  ese preciso instante que se daba mientras mis pies pisaban el camino hacia lo alto del Cerro Bayo,  pero había que seguir.

Y luego de tanta subida llega la bajada, me encontré zurcando a pie la pista de esquí que hoy sin nieve nos dejaba recorrerla a gusto.
Recorde cuando en Octubre pasado estuve ahí mismo con mi hija pero sobrevolando la pista en la aerosilla y otra vez el nudo en la garganta… yo se que la loca de las montañas en mi familia soy yo, que por más que lo pida no suben a la montaña conmigo, pero creo que no soy la única corredora que en esos momentos querría tener a alguien especial ahí y compartir ese momento, ese sueño.

La llegada, hermosa llegada. La gente de la organización se encargó de que sintiera que mi llegada era tan especial como la de todos,  emotiva, feliz, plena.

La primer etapa terminó y queda mucho sueño por cumplir.

 

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Las Segundas Partes, si son Buenas!

Y no estoy hablando de la vida en general sino que esta segunda jornada me enseñó mucho de la vida, de lo cirscunstancial y del trabajo en equipo.

Aunque quienes corrían los 100K largaban una hora antes que los de modalidad 50K y desde lugares diferentes, temprano nos levantamos todos, habíamos formado una gran familia y desayunar juntos para luego despedir a los que primero largaban era una cita deseada más que obligada.

Largaron los corredores de 100K y los transfer llevaron al resto hasta Bahía Brava donde enmarcados por el espejo de agua del lago Nahuel Huapí iniciaríamos una travesía de 24K a través del Parque Nacional Los Arrayanes, bosque único en el mundo que alberga a esta especie de árboles y nosotros disfrutándolo desde los primeros 800 mts con su imponente subida por una escalinata natural.

Durante esos kilómetros nos acompañamos con un runner de Chile, Carlos Perez Zamorano  conversando, compartiendo el agua, las gomitas dulces y mi habitual jugo de naranja en cajita que llevo siempre en mi camelback. Y será que estas experiencias ponen a flor de piel las emociones que nos contamos sobre nuestras vidas y formamos sin buscarlo un equipo perfectamente sincronizado naturalmente.
Difícil es encontrar un compañero para estas travesías con quien llevarnos a la perfección y entendernos casi sin hablar, sentirnos acompañados, sostenidos, motivados; difícil que eso se encuentre por casualidad pero así fue. Y hablando de segundas partes o intentos en la vida era inevitable comprometernos tácitamente a acompañarnos en la siguiente y última jornada.

Corrimos por el bosque  hasta que se abrió luego de 12K… frenada en seco, peñon en el centro del Nahuel Huapi, suspiro profundo, corazón a 270 pulsaciones por minuto y una lágrima corriendo por mi mejilla.

Ahí no solo nos estaba esperando el lago a brazos abiertos sino también una de las famosas picadas con cerveza, además de bebidas isotónicas, agua, dulces, barras de cereal, todo dispuesto por la cálida gente de TMX Team para que disfrutemos de una carrera sin igual. No detenerse a tomar fotos y contemplar tanta belleza era un sacrilegio.

Retomamos los 12K de regreso, yo llevaba amarrada la bandera de mi team de running en la cinta de mi mochila, cuando estábamos por llegar mi compañero natural se ofreció a sostener una de las puntas de la bandera extendida en la llegada, un gesto que ganó el abrazo al final de agradecimiento y felicitaciones mutuas por haber superado una segunda parte con éxito.

 

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Levantarse a correr una vez más y tocar el cielo es posible.

La aventura de correr 50K en montaña, pero correr además durante tres días seguidos, tan solo el hecho de correr más de 10K parecía imposible hace menos de un año cuando me operaban la rodilla izquierda.

En El Orígen aprendí que cuando el cansancio no puede negociar con el cuerpo la cabeza y el corazón logran el acuerdo.

06:45 am el despertador del celular me anunciaba otro madrugón y ponía los músculos en alerta. La dosis adrenalínica no solo había cubierto las dos jornadas anteriores sino que además todavía tenía de sobra. Abrí la carpa de par en par y respiré hondo el aire de Villa La Angostura. Miré a mi alrededor y casi todos aun remoloneaban, aún no amanecía.

Ese día era importante, ese día yo podía lograrlo… ya lo sentía. Así que les resultará extraño para una carrera de montaña pero tomé mis cosméticos, fui frente al espejo y me maquillé aunque mi gran sonrisa y el rubor que impregnó mis mejillas el sol de esos días fueran suficientes.

Estaba todo listo para dar lo mejor con una mezcla en el alma de satisfacción y alegría por lo realizado pero a la vez melancolía porque esto sería ya una anécdota solamente.

Cuando por temor a que el físico no respondiese como lo deseaba decidí hacer solo los 50K lamentaba perder la oportunidad de llegar hasta el filo del Cerro Belvedere y contemplar desde ahí la inmensidad. Otra vez la gente de TMX apostó a nosotros, nos exigió más y nos regaló incorporarlo en el recorrido; un regalo enorme para que mi sueño sea más grande aún.

Con un nudo en la garganta y con mi compañero Carlos a mi lado esperábamos la orden de largada. Ese día elongué, calenté los músculos, hice toda la tarea. Sabía que sería duro pero no cuánto y si resistiría…

Antes de largar Carlos me dijo: Ud. vaya, no se quede por mi, no arrastre lastre (me dio un beso en la frente) tenga muy buena carrera. Y no tuve tiempo de pensar qué contestar, largamos…

Atravesamos el campamento y salimos a la playa a orillas del lago por la que haríamos unos cuantos kilómetros de costering entre agua, rocas, sorteando muelles hasta llegar a la base del Co. Belvedere para comenzar el ascenso. ¿Mi lastre? Me aventajó en al menos un kilómetro. Estaba furiosa pues sentía que me había abandonado así que con todo mi esfuerzo y temor por resentir el esguince con el que llegué a la carrera salté de roca en roca como si fueran trampolines. Al comenzar el ascenso ya lo había alcanzado.

Le pregunté si era que en realidad quería hacer la última parte solo, me dijo: No, eso lo hice para que pongas todo.

Subimos con mucho esfuerzo una cuesta interminable con una inclinación que a esas alturas ya nos parecían una vertical. De repente un filo, el filo del Belvedere y toda la vista de la Villa a nuestros pies, inmensa, a donde pusiéramos la vista el paisaje era diferente y maravilloso.

Un poco más de sendero, un bosque cerrado frente a nosotros como de cuento de hadas. Dicen que uno puede cruzar ciervos en ese bosque y menos mal que no se cruzó ninguno porque luego del puesto de control comenzó el descenso a toda velocidad zurcando caídas de agua. Al ver que comenzaban las bajadas mi compañero otra vez pensó en mi y me soltó sabiendo que lo que más me gusta es bajar a toda velocidad jugando como si bajara por un tobogán. Sin pensarlo y sin mirar hacia atrás pisé el acelerador, pasé unos diez corredores más que se abrían para que pase. En mi cabeza retumbaba mi pregunta: ¿querés hacer la última parte solo? Y su “no” por respuesta. En el siguiente puesto de control me quedé esperando, Carlos no aparecía, luego de un tiempo comenzaron a alcanzarme los demás. Le pedí al control del staff que saque del bolsillo de mi mochila el celular y me lo pase. Escribí un mensaje que aún no se había enviado cuando Carlos logró alcanzarme y me preguntó si pasaba algo. No, nada, solo que sentí culpa por abandonarte contesté. No me estás abandonando me dijo, corre, disfrútalo y espérame en la meta, nunca nadie me esperó en la meta y quiero saber cómo se siente. Sonreí, entendí y volé a la velocidad de la luz.

Otra vez los mismos diez me veían pasar y abrían camino a la voz de “Guarda que ahí viene la loca de las bajadas”. De repente las bajadas se acabaron y llegó el llano, ese con el que no me llevo muy bien, una calle de ripio solitaria e interminable. Las piernas empezaban a decir basta, el tobillo esguinzado que volvió a doblarse al saltar un curso de agua me estaba jugando una mala pasada y corría pero un poco de costado.

Comenzaban a alcanzarme. De repente escucho pisadas detrás mío y me sobrepasan gritando “ehh Moni”, eran los hermanos chilenos Mauricio y JC. de @solorunning. Tal vez esperaban un grito de aliento de mi parte pero era tal el cansancio que solo atiné a gritarles: -encima que se cargaron 100k en vez de 50 como yo se atreven a alcanzarme y pasarme?, y bien… todos tenemos nuestros momentos en la desesperación. Pero son amigos y lo entienden.

Comencé a escuchar las voces por los altoparlantes, de pronto estaba corriendo por la zona comercial del pueblo y ahí estaba el arco de llegada en lo alto de una plaza elevada. Llegué a la base de la escalera que debía subir para alcanzarlo y me detuve repentinamente. Mientras tomaba fuerzas nuevamente escuché como jamás en ninguna carrera que anunciaban: Está llegando Mónica Ender, todos listos para recibirla con un fuerte aplauso. En ese momento pensé que esa escalera debía subirla pero no a duras penas sino corriendo. Nunca sabré de donde salió ese símil sprint hacia arriba pero lo logré, crucé la meta, estaba ahí con la medalla finisher tan esperada y abrazada a una de las chicas del staff de TMX llenándole la remera de lágrimas de alegría. Pero todavía no había terminado mi carrera, una parte estaba aún en el recorrido.

Cuando anunciaron que Carlos Perez Zamorano estaba por completar el recorrido y cruzar el arco la misma chica que me abrazó me llamó y me dio la medalla finisher de Carlos para que yo se la entregue. Quién más que otra runner que acaba de pasar por el mismo sacrificio y con la misma intensidad esa aventura de tres días podría entender la importancia de recibir esa medalla. Pero más importante fue seguramente cumplir con mi misión, Carlos por fin tuvo quien lo reciba en la meta con un fuerte abrazo que cerraba un ciclo colmado de alegrías, de temores, de momentos… en fin, un historia de runners.

monicaender